lunes, 7 de mayo de 2018

La (falsa) paradoja de la Tolerancia



¿Hasta dónde llega la tolerancia?
¿Debemos tolerar lo intolerante?


Hace un par de semanas navegando en Facebook me encontré con que varios contactos habían compartido una infografía de Pictoline (eso ya debería de anticipar algo) que afirma que la tolerancia se le debe de negar a los intolerantes, aunque sea una contradicción a la tolerancia misma.




Como siempre, mi sospechosísmo y mis creencias personales me hicieron cuestionar la imagen, en especial por los riesgos que implica que las personas adopten esa postura. El primer paso fue buscar la referencia directa, y Pictoline no me defraudó, omite mucha información importante. Aunque con todo y la cita completa, es preocupante que no se resuelva la paradoja de la tolerancia.

No es que yo sea muy canijo, bueno sí lo soy, pero no es necesario serlo para desechar la propuesta de Popper desde un simple análisis de sus proposiciones y ver su (in)consistencia lógica.

La primera parte de la supuesta paradoja nos dice que
La tolerancia ilimitada debe conducir a la desaparición de la tolerancia. Si extendemos la tolerancia ilimitada aun a aquellos que son intolerantes; si no nos hallamos preparados para defender una sociedad tolerante contra las tropelías de los intolerantes, el resultado será la destrucción de los tolerantes y, junto como ellos, de la tolerancia”.

El problema con esa afirmación radica en que parte de un pensamiento dicotómico: si no censuramos la otra opción es dejar pasar absolutamente todo; esto niega cualquier otra posibilidad, incluso alguna del tipo “tienes derecho a odiarme y a expresarlo, siempre que no me difames o atentes contra mi persona”. También debemos decir que permitir que se expresen voces de intolerancia, no significa ser pasivo ante ellas: que puedas expresar tus ideas, no significa que no pueda argumentar en contra de tu postura o a favor de la mía. Tampoco significa que se permitirá todo y ese es el primer error de Popper.

Por ejemplo, alguna vez me he encontré en medio de una situación donde alguien comenzó agredir a otra persona por un incidente menor pero con mucho clasismo, y la situación comenzó a ponerse violenta… Mi única idea fue tomar por un momento al agresor y, con voz serena decirle “¿Me estás diciendo que te portas como un salvaje incapaz de cumplir la ley mientras me dices que este grupo es inferior? ¿En serio me estás diciendo eso?”. Su desconcierto me abrió una oportunidad para cambiar la situación.

Pero, en fin, si continuamos con Popper, él nos dice
Con este planteamiento no queremos significar, por ejemplo, que siempre debamos impedir la expresión de concepciones filosóficas intolerantes; mientras podamos contrarrestarlas mediante argumentos racionales y mantenerlas en jaque ante la opinión pública, su prohibición sería, por cierto, poco prudente
 Admito que me cuesta un poco interpretar esta parte, “mientras podamos contrarrestarlas mediante argumentos racionales” la primera vez que la leí, pensé “¿lo que quieren evitar es el riesgo de que la voz acusada de intolerante argumente de forma certera y el grupo de los tolerantes no tenga la capacidad de contra-argumentar por no estar tan bien preparado?” o tal vez sea porque los intolerantes no sean racionales, pero la siguiente parte de la oración reza “y mantenerlas en jaque ante la opinión pública, su prohibición sería, por cierto, poco prudente”, entonces el problema es que básicamente se puede decir que “mientras seamos el paradigma dominante ante la sociedad, podemos dejar expresar otras ideas. Ya no se trata de la racionalidad, sino de ser el grupo social hegemónico, de poseer el favor público. Eso ya me parece peligroso.


Al seguir la lectura, Popper se pone más intensito y dice

Pero debemos reclamar el derecho de prohibirlas, si es necesario por la fuerza, pues bien puede suceder que no estén destinadas a imponérsenos en el plano de los argumentos racionales, sino que, por el contrario, comiencen por acusar a todo razonamiento; así, pueden prohibir a sus adeptos, por ejemplo, que prestan oídos a los razonamientos racionales, acusándolos de engañosos, y que les enseñan a responder a los argumentos mediante el uso de los puños o las armas.

Parece que aquí si es muy explícito el supuesto de que los intolerantes no sean racionales pero, esto además de ser un hombre de paja, se resuelve con la primera cuestión: si los intolerantes deciden usar los puños y las armas entonces se aplica otra lógica. Ya sea el uso de la fuerza pública, ya sea la defensa propia.  

A la historia me remito

Entonces, básicamente, tenemos que la paradoja de Popper se fundamenta en que sólo se puede censurar o permitir todo; y por otra parte su “paradoja” se basa en la posibilidad de que los tolerantes no puedan argumentar a favor o en contra de sus causas. Si cambias esas premisas, no existe tal paradoja. Tenemos dos caminos: podemos tener un marco de tolerancia para la intolerancia con la responsabilidad de preparar argumentos, a estudiar, ser críticos, o simplemente censurar a quien no piense como nosotros[1].

¿Por qué escribir a favor de la intolerancia de otros?

Primero por un imperativo Moral, espero que a los que me leen les suene la frase "Estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo".

Después, el censurar a las personas por algún tipo de idea que tengan, así esté errada, suele reforzar estas creencias, por lo tanto, si quieres convencer de algo ―porque la psicología ha demostrado que si es posible― tenemos que intentar nuevas cosas, ver el mundo como lo ve nuestro oponente[2], tenerles empatía para poder convencer. Obvio, eso requiere pensar y tiempo.

Y la tercera y más importante razón surge del propio discurso de Popper cuando dice:
Deberemos reclamar entonces, en nombre de la tolerancia, el derecho a no tolerar a los intolerantes. Deberemos exigir que todo movimiento que predique la intolerancia quede al margen de la ley y que se considere criminal cualquier incitación a la intolerancia y a la persecución, de la misma manera que en el caso de la incitación al homicidio, al secuestro o al tráfico de esclavos.» (Popper, K, 1945/1981, p 512).
Sí somos abiertamente intolerantes a lo abiertamente intolerante, nos hacemos víctimas de nuestra propia lógica tolerante en una paradoja real. Y esto mismo nos dice que defender la pluralidad de pensamiento a costa de criminalizar todo lo que no encaje en esa idea,  nos llevaría a establecer un crimental, propio de una dictadura del pensamiento, Orwell ya avisaba de esto en 1984. El propio Zuckemberger no pudo definir lo que es un discurso de odio, a pesar de afirmar que en Facebook se combatía a toda costa.

Señores, señoras y entes no asexuados déjenme decirles una cosa: No hay cosa más peligrosa y contraria a la libertad que esto.





Conclusión: Para que la Paradoja de la libertad sea tal se deben de cumplir las siguientes condiciones: Eres tonto; no sabes porque que defiendes lo que defiendes; eres de respuestas dicotómicas: o te pones violento o no haces nada; te gusta la idea de que sólo tú tienes la razón y; disfrazado de buenas intenciones por el bien de la humanidad, llevas un pequeño dictador dentro de ti .



[1] El cambio de tercera a segunda persona es intencional
[2] Para los políticamente correctos, un oponente es el que se opone (RAE, 2018).

viernes, 30 de marzo de 2018

Yo, Millennial



Puede que ya hasta esté pasado de moda hablar de Millennials y todas sus características, que sin son llorones, que no aguantan nada, que están excesivamente mimados, que no saben trabajar, que quieren todo, que si es posible esa categoría, que si no... Yo, apenas leí en Facebook algún post de un amigo sobre su fastidio del término y la sensibilidad que se les atribuye a esta generación y me pareció bastante interesante, se los comparto.

(arriba) “Estos malditos millennials se ofenden tan fácilmente. En mis tiempos no éramos tan sensibles”
(abajo) “no iremos a la escuela con negros”, “Cierren escuelas mixtas” .


Básicamente es una crítica a la crítica de los millennials, al hacer hincapié en expresiones racistas de generaciones pasadas. Básicamente el mensaje es “nos ofendemos por cosas justas”. Y pues, en ese sentido tiene razón la imagen, hay muchas cosas por las cuales no ofenderse sería preocupante, pero la imagen no hace referencia a la sensibilidad millennial criticada, más bien omite el origen de ésta.

Sin embargo, antes de llegar a eso, debo señalar que mi postura comienza en el hecho de que es posible trazar distinciones generacionales, pero me interesa señalar una obviedad que parece ser ignorada por muchos: No todos los millenials son iguales, y no hablo de individuos, sino de grupos de millennials.

La cadena británica BBC Mundo, señala que el principal elemento para separar a las generaciones es su relación con la tecnología (principalmente las digitales) y apunta que esta generación está estigmatizada como “generación pérdida”, “generación Smartphone”, “consumistas, frívolos, vagos, superficiales, etc”, en relación con personas de 4 generaciones distintas.




La revista mexicana Expansión, hace lo propio desde una perspectiva de selección de personal, y con base en los comentarios de un ejecutivo de Page Personnel, que asigna 10 características a tener en cuenta por las empresas:
1. Poseen las últimas innovaciones tecnológicas y tienen una necesidad de estar conectados constantemente a Internet.
2. Son egocentristas y tienen relaciones estrechas con sus marcas favoritas
3. Priorizan el cuidado de su entorno y el medio ambiente.
4. En el ámbito laboral les gusta ser incluidos en la toma de decisiones importantes, así como saber que están aportando un valor agregado a la empresa.
5. Buscan que los líderes de las organizaciones los formen como personas y sean sus guías a lo largo de su carrera profesional.
6. Cambiar de un trabajo a otro es usual en la búsqueda de un crecimiento profesional acelerado y un balance total entre el trabajo y la vida personal.
7. Buscan flexibilidad de horarios, trabajo en equipo y dinamismo constante.
8. Buscan la oportunidad de negociar, ya que no les gusta sentirse subestimados por su edad.
9. Su adaptación a la cultura corporativa es rápida.
10. Tienen hambre de aprender y combinan el desarrollo de procesos antiguos con innovaciones que generan oportunidades de crecimiento para las empresas.

Con una búsqueda simple en google, uno se encuentra con una infinidad de páginas con definiciones y características sobre los nacidos en la explosión de la era digital. En la mayoría de estas definiciones, muestran el mismo problema de la BBC y Expansión: cuando no basan sus análisis con base en la población de países desarrollados, lo hacen poniendo el foco en sectores con cierto nivel adquisitivo, o ambas cosas.

En el caso de la BBC, se basa en estudios con población estadounidense y europea, sólo basta ver las características que asigna Expansión para notar que ―para bien o para mal― no son cualidades con las que un joven mexicano promedio se identifique. Entonces, no sólo basta tener un ingreso económico medio, también hay que considerar el país de origen. Vaya, no es lo mismo ser un joven mexicano que con su beca CONACyT de us$600 mensuales (mx$11,000) ya se encuentra a la mitad de la escala de ingresos nacionales, que un joven europeo que puede ganar eso, como salario mínimo.

Con eso podríamos meternos en una serie de diferencias sociales, culturales, de niveles de violencia, de acceso a la tecnología, etc. Pero aquí simplemente asumiremos que los nacidos en un mismo periodo de tiempo, tendrán diferencias de acuerdo a la región en la que nacen.

En el post de mi amigo, de acuerdo con mi costumbre, amablemente le comenté que buscara sobre Chanty Binx y Espacios seguros en universidades. Y no fue una selección gratuita, la primera es una mujer autodenominada feminista, conocida por muchos memes en internet por su particular forma de reaccionar ante cosas que absurdamente relaciona con patriarcado


Por otra parte, los espacios seguros son un suceso que se ha dado en universidades de Estados Unidos principalmente, básicamente son aulas donde los alumnos pueden estar a salvo de situaciones o lenguaje que los puedan ofender mientras pueden realizar actividades recreativas, esto está inmerso en un ambiente donde incluso está el caso de un alumno blanco puede ser increpado por una chica afroamericana por usar rastas, acusado de apropiación cultural.



Si se busca a fondo estos elementos, se darán una idea sobre la sensibilidad a la que se refieren con la sensibilidad de los millennials, pero son fenómenos están lejos de ser comunes en México. Aunque en internet las críticas de algunas formas de feminismo que se importan de otros países, distan mucho de la realidad de México. Los espacios seguros donde podamos refugiarnos de situaciones que nos incomoden mientras hagamos dibujos felices, son ―hasta donde sé― inexistentes.



            Pero no son los únicos fenómenos asociados a esta generación, como ejemplo está la tendencia Ecosexual que “consiste en mantener relaciones sexuales no necesariamente genitales, con los cinco sentidos en plena naturaleza e incluso con ella”, y están involucrados activistas ecologistas con el fin de establecer otro tipo de relación con la naturaleza. De nuevo, la realidad mexicana mantiene a los activistas ocupados con los feminicidios, las desapariciones forzadas y la extinción de especies en nuestro país.


            También están los jóvenes que arriesgan su vida realizando actos peligrosos en rascacielos, puentes o abismos naturales por el mero hecho de sentir adrenalina. Primero podríamos preguntar, ¿quién tiene acceso a estos lugares? y después darnos cuenta de que un universitario mexicano arriesga su vida en cada camión que toma para llegar a la escuela…



            Por último, vienen a mi mente los adultos-bebé, que son mayores de edad a los que les gusta, de forma independiente de su vida adulta, actuar como bebés, adquiriendo cunas, biberones, pañales y demás accesorios de la primera infancia, adaptados para adultos. En mi particular caso, aún si tuviera problemas no resueltos de la infancia mis padres me corren de su casa y al vivir sólo no me alcanza para eso.



El punto al que quiero llegar es… Las condiciones sociales de México, no permiten que un joven mexicano promedio ―a pesar de haber nacido en el mismo periodo― tenga las mismas características que los jóvenes de otros países. El acceso a la tecnología y a las comodidades, dista mucho de lo vivido por sus contemporáneos en países desarrollados. Quizá en sectores más solventes pueda verse más este millennialismo que nos venden los medios de comunicación, y puedan darse el lujo de preocuparse por discusiones sobre la opresión de la letra O, mientras los esfuerzos en muchas regiones del país aún se enfocan en lograr acceso a la participación política o garantizar servicios de salud básicos.

En términos generales, las conclusiones son dos:

1. Me parece extraño que estudiosos sociales, hayan pasado por alto estas diferencias sociales, algunos simplemente niegan esta categoría porque no lo ven en su entorno inmediato. Lo malo no es que exista una categoría que abarque a una generación, el problema es cuando está mal delimitada o incluso sin delimitar subcontextos sociales. No resulta muy convincente equiparar a los jóvenes mexicanos con jóvenes de otros lugares, pero eso no quiere decir que no existan los millennials, solamente que en nuestro país no son tan comunes como nos los venden los medios.

2. Cuando se hace referencia a la Sensibilidad de los millenials, aunque muchas veces son exageraciones, muchas otras no son de a gratis. Pero son cosas que en el México "clase-bajo-mediero" [aún] no se ven. Para mí, un oriundo de Iztapalapa, muchos de los fenómenos millennial me parecen absurdos, quizá a los millennials del primer mundo les parezca violento no poder imaginarme en estas situaciones; quizá la necesidad ―madre de toda motivación―, o la lógica de superviviencia a la que nos enfrentamos en México, es la que nos mantiene separados del infantilismo que se le atribuye a la generación Y.


 Ningún Millennial fue lastimado en este blog.





Nota: Aunque se consideró una comparación con países desarrollados, no incluí a los jóvenes de países como Japón porque ellos ya están en otro nivel: jóvenes vírgenes a los 30 a los (en México, la edad promedio para perder la virginidad son los 16), bodas con tamagochis y robots sexuales, entre otras cosas.

domingo, 7 de enero de 2018

Indefensión a la mexicana.


Imaginemos que tenemos dos perros dentro de una caja especial donde el piso suelta descargas eléctricas cuando nosotros deseemos. Sin embargo, mientras un perro se puede mover libremente, el otro se encuentra sujeto al suelo, por más que lo intente no puede escapar al dolor. Posteriormente, a los perros se les trata de enseñar cómo y en qué momento saltar como forma para evadir el dolor. Aquél que estuvo libre, logra aprender en menos de diez intentos. El otro perro, ya ni siquiera se esfuerza por evitar el dolor, se arrincona y soporta pasivamente el dolor.

Próximamente en mi clínica psicológica para perder peso.

Estas situaciones fueron llevadas a cabo como experimentos por Overmier y Seligman, y nos enseñan una cosa —además de lo sádicos que pueden ser los psicólogos—, cuando alguien percibe que, sin importar lo que haga  el resultado será el mismo, dejará de intentar cambiar su situación. A esto se le llama desesperanza o indefensión aprendida.

Esta indefensión aprendida, no sólo es una afectación de escasez motivacional (apatía, flojera, falta de ganas, hueva) para quien la presenta, también tiene consecuencias cognitivas: quien se encuentra en este estado, también suele presentar mayores dificultades para aprender tareas nuevas y suele cometer más errores. Lo que puede sostener un círculo vicioso de fracasos-indefensión.

Ahora, usted mexicano o mexicana, seguramente alguna vez ha platicado con alguien sobre política y ha escuchado un “¿Para qué? Los políticos siempre hacen lo que quieren”, un “todos son lo mismo” o el más trágico, resignado y pasivo "Mejor pónganse a trabajar". Pues bien, llevo tiempo sospechando que nos encontramos en una especie de indefensión aprendida social. 

Y no es que la gente no esté yendo a votar (suponiendo que un 60% de participación es un número decente), pero no pasa de ahí, no se piden cuentas, no hay más que votaciones cada tantos años. En el peor de los casos, cuando alguien trata de hacer algo, y lo logra desconfía "de seguro algo dio", y cuando no se consigue el objetivo simplemente se dice un "ya sabía que no lo iba a lograr".

Me pongo a pensar en cuántos escándalos de corrupción han ocurrido en México, que de suceder en otros países habrían provocado turbas enardecidas para pedir la renuncia de los involucrados. Y, sin embargo, aquí parece que no pasa nada.



Con la poca salud mental que aun conservo, me resisto a ser ese perro que se va a un rincón a ver como soporta lo que venga. Y para ello, el primer paso es entender que la indefensión es aprendida y, por lo tanto, se puede desaprender: no es eterna. La estrategia general para combatirla, suele trabajar en la percepción de la absoluta falta de control, a la posibilidad de intervenir en cierta medida en los resultados; esto se acompaña de pequeñas tareas que representen logros fácilmente alcanzables que le regresen la confianza al perro, digo, a las personas.

Dicho de otra forma, en vez de querer hacer la Segunda Revolución de forma espontánea, podemos comenzar por organizar a nuestros vecinos para atender las necesidades locales, al menos como primer paso.


Yo no le voy a decir por quién votar, es más, dudo que la solución esté en un partido, un candidato o unas elecciones cada 6 años. Mi apuesta siempre será para los ciudadanos: el chiste de la democracia es que la mayoría participe, si ellos se organizan y participan constantemente. Se nos vienen las elecciones y éste es el primer reto a superar.